Climatopedia

El Perú implementará su primer sistema de alertas sanitarias frente al calor extremo

Las altas temperaturas ya no son episodios aislados. Con olas de calor más intensas y brotes de dengue en expansión, el Ministerio de Salud aprobó la primera norma que organiza la respuesta sanitaria frente al calor extremo y sus efectos en la población.

freepik__dense-grey-concrete-cityscape-oversized-deepyellow__71828
Lima llegó a los 34 °C en febrero de 2026, un nivel no registrado desde 1998, en un contexto marcado por olas de calor más frecuentes y el avance de El Niño Costero.

El calor ya no es una molestia pasajera. Hoy es una amenaza directa para la salud de millones de personas en el Perú.

Las olas de calor elevan el riesgo de golpes de calor, una emergencia médica que puede provocar deshidratación severa y desencadenar fallas renales o cardíacas. Los más expuestos son quienes tienen menor capacidad para regular su temperatura corporal o menos acceso a atención de salud: niñas y niños pequeños, adultos mayores y mujeres embarazadas. También quienes trabajan largas jornadas al aire libre —en construcción, agricultura, transporte o comercio—, para quienes la exposición al sol no es una elección, sino parte de su jornada laboral.

Entre marzo y mayo, se prevé que toda la costa peruana registre temperaturas máximas superiores a lo normal, mientras que esta semana el pronóstico fue de picos máximos entre 32 C° y 37 C°. Estos episodios son cada vez más frecuentes y exigen una respuesta sanitaria clara y organizada.

Esa tendencia se proyecta hacia las próximas décadas. Para 2050, la temperatura subirá en todo el país. En la Amazonía, el aumento sería mayor y podría superar los 3 °C en regiones como Loreto, Ucayali y Madre de Dios. En los Andes rondaría los 2,5 °C y en la costa estaría cerca de los 2 °C o más.

En clima, dos o tres grados no son un detalle. Significan más días de calor intenso, noches que ya no refrescan igual y olas de calor más largas. También aumentan las sequías, los incendios y las condiciones para que enfermedades como el dengue se expandan. No es solo que el termómetro marque más: cambia el entorno en el que vivimos y las condiciones que sostienen nuestra salud.

Mapa de Calor - Minsa
Hacia el año 2050 se espera 350 días anuales de altas temperaturas en Loreto, San Martín y en el sur de Ucayali, Cusco y Madre de Dios.

Ante este escenario, el Ministerio de Salud (Minsa) aprobó una nueva norma técnica que, por primera vez, fija cómo debe actuar el sector salud frente al calor extremo. El documento se basa en información del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) y establece un sistema de alertas sanitarias.

Hoy el Senamhi no cuenta con un sistema formal de alerta temprana específico para olas de calor —periodos de más de tres días consecutivos con temperaturas inusualmente altas para la época del año— como sí ocurre en otros países de la región. La norma indica que se emitan avisos entre 24 y 72 horas antes de incrementos peligrosos de temperatura, para activar medidas preventivas.

Tabla - Minsa
El Ministerio de Salud tomará medidas contra las altaas temperaturas, de acuerdo con las alertas emitidas por el Senamhi entre las 24 a 72 horas previas.

Estas medidas incluyen la vigilancia de problemas de salud asociados al calor —como golpes de calor, agotamiento y deshidratación— y recomendaciones dirigidas a la población y a los entornos laborales, como limitar la exposición en las horas de mayor radiación y reforzar la hidratación.

Las cifras muestran la dimensión del problema. Entre 2021 y 2023 se atendieron 1,828 personas por golpes de calor en el país. Solo en 2023, los casos aumentaron en 48 % respecto a los dos años anteriores. En 2016, durante una ola de calor en Piura, ocho niños fallecieron con diagnósticos de posibles golpes de calor.

La norma también encarga a las autoridades regionales reforzar el monitoreo de la calidad del agua, vigilar la seguridad de los alimentos y prevenir la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue, cuya expansión se ve favorecida por las altas temperaturas. Además, el personal de salud deberá reportar de manera obligatoria los casos vinculados al calor extremo en los sistemas de vigilancia epidemiológica, para detectar incrementos inusuales y responder a tiempo.

Los más vulnerables ante el calor extremo

El 24 de febrero, Lima alcanzó una temperatura máxima de 34,5 °C, la más alta desde 1998, según el Senamhi. El escenario se agrava tras la confirmación de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno de El Niño (ENFEN), que informó que el país atraviesa un evento de El Niño Costero, originado por el calentamiento de las aguas frente a la costa norte y centro. Este fenómeno puede intensificar las olas de calor en los próximos meses.

“Las condiciones cálidas del agua del mar influyen directamente en la temperatura del aire en las localidades próximas a la costa”, explica José Mesía, especialista en meteorología del Senamhi. Los pronósticos incluso anticipan temperaturas por encima de lo normal en junio, a puertas del invierno.

En este contexto, la norma técnica del Ministerio de Salud define quiénes enfrentan mayor riesgo frente a temperaturas extremas. Por razones fisiológicas, están los adultos mayores, niñas y niños menores de cinco años, gestantes y lactantes. También las personas con enfermedades crónicas —cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes u obesidad mórbida— y quienes atraviesan cuadros agudos durante periodos de calor intenso.

El documento también considera a personas con movilidad reducida o deterioro cognitivo, así como a quienes consumen medicamentos como diuréticos o neurolépticos, que pueden alterar la regulación térmica o aumentar el riesgo de deshidratación.

Esta definición permite focalizar las acciones cuando se emiten alertas por calor extremo, desde la adecuada conservación de medicamentos hasta la vigilancia de la cadena de frío de alimentos. Solo en enero de 2026, el Senamhi registró 100 episodios de ola de calor diurna y 88 de ola de calor nocturna, es decir, periodos de más de tres días consecutivos con temperaturas superiores a lo habitual.

En las personas mayores, el riesgo aumenta cuando existen enfermedades como diabetes, alzhéimer, párkinson o afecciones cardíacas y pulmonares. Algunos tratamientos pueden agravar los efectos del calor: los antihipertensivos pueden provocar descensos excesivos de la presión arterial y los diuréticos acelerar la deshidratación y comprometer la función renal.

Pero la vulnerabilidad no depende solo de la edad o de una enfermedad previa. También está marcada por las condiciones sociales. Quienes realizan trabajo físico intenso bajo el sol, viven en viviendas precarias o en barrios densamente urbanizados sin áreas verdes —donde el efecto de isla de calor eleva aún más la temperatura— enfrentan mayor exposición. Lo mismo ocurre con personas en situación de pobreza, hacinamiento o aislamiento social, o con acceso limitado a información y servicios de salud.

Para quienes trabajan al aire libre o en espacios sin ventilación adecuada, la exposición prolongada no solo reduce la productividad. Puede deteriorar la salud de manera progresiva, aumentar el riesgo de enfermedad renal y favorecer la aparición de afecciones crónicas.

Frente a este panorama, algunos países ya han establecido límites para proteger a quienes trabajan bajo calor extremo. En Brasil se fijaron umbrales máximos de exposición que obligan a suspender labores cuando se superan ciertos niveles, medidos con el índice de temperatura de bulbo húmedo (WBGT), que combina calor, humedad, viento y radiación solar para estimar el impacto real en el cuerpo humano.

En Costa Rica, desde 2015, la normativa exige a los empleadores adoptar medidas para prevenir el estrés térmico, como garantizar hidratación y condiciones adecuadas de protección. La Organización Internacional del Trabajo recomienda además establecer pausas periódicas durante la jornada para evitar la acumulación excesiva de calor corporal.

000137198W.width-1920
Los obreros y agricultores son trabajadores vulnerables a los efectos que producen las olas de calor como deshidratación y enfermedades renales crónicas.
Foto: Andina

Cambio climático y dengue

La nueva norma del Ministerio de Salud marca un punto de quiebre. Por primera vez, un documento técnico vincula de manera explícita el aumento de temperaturas con efectos directos en la salud pública y establece cómo debe responder el sector.

El texto advierte además sobre un efecto inmediato del calor extremo: la expansión de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue, el zika y el chikungunya.

Las temperaturas más altas aceleran el ciclo de vida del mosquito que transmite estas infecciones. En condiciones más cálidas, su ciclo reproductivo puede pasar de casi dos semanas a siete días o incluso menos. Más ciclos en menos tiempo significan más mosquitos y, por tanto, mayor riesgo de transmisión.

Las cifras recientes muestran la dimensión del problema. En los últimos tres años, el Perú ha enfrentado los brotes de dengue más graves del siglo. En 2023 se registraron más de 256 mil casos y 444 fallecidos. En 2024, en un contexto marcado por El Niño Costero, los contagios superaron los 271 mil y se reportaron 261 muertes. En 2025 se notificaron más de 36 mil casos y 56 fallecidos.

En lo que va de 2026 ya se han confirmado 5,228 casos y cinco muertes. El Ministerio de Salud advierte que al menos 30 distritos en 10 regiones presentan incrementos y que, para marzo, el dengue podría estar presente en 20 regiones del país.

El calor extremo no solo eleva la sensación térmica. Alarga la temporada de transmisión de enfermedades y significa más consultas, más hospitalizaciones y más presión sobre un sistema que ya tiene servicios saturados.