Opinión

Lo que hay detrás del primer banco de alimentos comunitario de del Perú

En Pachacámac, las ollas comunes crearon el primer banco comunitario de alimentos del Perú. Esta es la historia de cómo la organización barrial se convirtió en un sistema para que la comida no se pierda.

Opinion-Web-Banco de alimentos

Este es un tiempo duro, y aun así hay personas que se organizan para sostener lo más básico. En Pachacámac, al sur de Lima, las ollas comunes han creado el primer banco comunitario de alimentos del Perú.

Es el resultado de años de trabajo en chacras y mercados. De mujeres que desde la pandemia salen a recuperar alimentos que otros descartan. De ollas comunes que entendieron muy temprano que enfrentar el hambre también era reducir el desperdicio y evitar que la comida se pierda.

Un banco comunitario de alimentos es el punto donde lo que iba a desecharse vuelve a entrar en circulación: se recupera, se ordena y se reparte entre las ollas comunes. Y lo que ya no puede entregarse fresco se transforma en mermeladas, encurtidos y otros productos, antes de que se pierda.

REDOPA
El 23 de diciembre, el Banco Comunitario de Alimentos recuperó más de tres toneladas de plátanos que iban a ser desechados. En la foto, la brigada de mercados.
Foto: REDOPA

En el espacio que hoy es el Banco Comunitario de Alimentos, lo primero que aparece no son estantes ni cajas. Son manos. Manos lavando verduras. Manos separando lo que todavía sirve de lo que hay que transformar enseguida. Manos cortando fresas. Manos anotando en cuadernos. Manos que saben pesar, calcular, guardar, repartir. No es un banco en el sentido habitual. Funciona con otra lógica. Una lógica hecha de brigadas, de turnos, de ollas que se coordinan, de algo que se construye mientras se trabaja.

Este banco no nació de una política pública ni de un programa social. Viene de las propias ollas comunes de Pachacámac, de su organización en REDOPA y del acompañamiento de organizaciones civiles. Con el tiempo, ese trabajo fue tomando forma hasta convertirse en un banco comunitario que se inauguró en diciembre de 2025.

“No desperdiciamos nada. Queremos que esto sea productivo, que más ollas participen, que sea beneficioso para todos”, dice María Zubilite, secretaria de la brigada de transformación del banco.

En el Perú se desperdician más de doce millones de toneladas de alimentos al año, según la FAO. Casi la mitad de lo que se produce. Se recupera menos del uno por ciento.

Cuando escucho a las mujeres de las ollas, esas cifras dejan de ser números. Ahí, el contraste se vuelve imposible de ignorar: una Municipalidad de Lima que usa a las ollas comunes para fotos y actos públicos, y un Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social que sigue sin resolver cómo garantizar programas de alimentación sin corrupción ni productos de mala calidad.

Mientras tanto, lejos del ruido electoral y de tanta incertidumbre, en Pachacámac hay personas armando un sistema para que la comida no se pierda. No es promesa ni discurso. El banco está funcionando.

Y hoy, en medio de todo, me alegra saber que esto existe.

P.D.: Si conocen experiencias de recuperación comunitaria de alimentos (en sus barrios, distritos, regiones o en otros países) me encantaría leerlas. Pueden responder este correo. Creo que también necesitamos empezar a mapear estas otras formas de organizarnos.

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